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Con un penal marcado a los 23 segundos del arranque del partido, el más rápido en la historia de la Champions League, Liverpool se encaminó a conquistar su sexta Orejona, al vencer por 2-0 al Tottenham en una final británica de la que se esperaba mucho mejor futbol y más goles.

Una desafortunada jugada para los Hotspurs antes de cumplirse el primer minuto de juego, determinó en forma definitiva el rumbo del partido, ya que con la experiencia de Jürgen Klopp en anteriores finales, metió al equipo en propio terreno con dos líneas de cuatro en espera de un contragolpe.

La acción determinante fue propiciada por el senegalés Sadio Mané, que con el balón controlado en el área y ante doble marca, envió el esférico al francés Moussa Sissoko, quien con el brazo extendido cometió mano que el árbitro sancionó con la pena máxima en el primer minuto de juego, avalada por el VAR.

El egipcio Mohamed Salah, lesionado por Sergio Ramos en la final pasada de CHL, tomó el esférico y cobró con potencia para vencer el lance del arquero francés Hugo Lloris, para marcar el 1-0 que hizo estallar el pletórico estadio Wanda Metropolitano que se pintó de rojo con la gran afición del Liverpool para celebrar el quinto gol del Faraón en 12 encuentros del torneo continental apenas al minuto dos.

La inclusión en el cuadro titular de Harry Kane, que se recuperó de una lesión en el tobillo que lo alejó de las canchas casi un mes, no fue positiva para el Tottenham, ya que el goleador inglés no estuvo en ritmo y dejó que el sudcoreano Heung-min Son cargara con el peso ofensivo del equipo, además de una soberbia marcación que le aplicó el zaguero Fabinho.

Ante la temprana desventaja, Tottenham tuvo complicaciones para equilibrar el encuentro, por el mayor peso específico de los futbolistas del Liverpool, aunque Roberto Firminho que reapareció tras su lesión muscular, pasó desapercibido en el campo de la capital madrileña, lo más destacado del brasileño fue dejar su lugar al belga Divock Origi, autor del segundo gol.

Con el marcador a su favor, los dirigidos por Klopp no intentaron incrementar la ventaja, sino que defendieron el gol y aguantaron al rival que con el control del esférico, no pudieron generar opciones de peligro sobre el marco del brasileño Allison Becker, quien en su momento salvó a su equipo, cuando fue requerido debajo de los tres postes.

Con algunos intentos en la contra, el once porteño buscó opciones como el tiro lejano que ensayó mediante Alexander Harold en el minuto 16, que pasó cerca del poste derecho de la meta de Lloris.

Un segundo intento salió del escocés Andrew Robertson quien, sin que ningún defensa rival saliera a taparle, sacó zurdazo que Lloris alcanzó a desviar por todo lo alto a una mano para enviar a tiro de esquina.

En medio de un gran ambiente en las tribunas, donde prevalecía el apoyo a los Reds, el segundo tiempo creció futbolísticamente, aunque el control estratégico del juego siguió siendo para Liverpool, que ingresó a Origi al 57’ por Firminho, movimiento clave en el resultado final.

A pesar de ejercer una fuerte presión sobre el adversario, el Tottenham fue incapaz de terminar en gol sus llegadas, en buena parte gracias a la buena actuación del arquero amazónico Allison Becker, que realizó grandes intervenciones a disparo de Son y contrarremate del brasileño Lucas Moura, quien ingresó demasiado tarde al partido, lo mismo que el español Fernando Llorente.

Al minuto 86, en una pelota en el área de los Spurs, el balón cayó para Origi, quien con un zurdazo cruzado por abajo decretó el 2-0 final que representó la victoria de los Reds.