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La furia de la ola antirracista que sacude a medio mundo estos días ha hecho olvidar que, en los primeros días tras la muerte de George Floyd, asesinado por un policía blanco de nombre Derek, uno de los elementos más fuertes de la polémica lo impuso el presidente Donald Trump, cuando escaló en una bronca nunca antes vista con Twitter, y con Facebook de invitado sorpresa.

El 27 de mayo, el mandatario estadunidense publicó un mensaje alertando que permitir un voto por correo masivo en las próximas elecciones presidenciales de noviembre, debido a los estragos de la pandemia, facilitaría un fraude masivo. La total falta de evidencias para hacer la afirmación llevó a Twitter, su plataforma social favorita, a colocar por primera vez una alerta que animaba a los usuarios a “revisar los hechos acerca del voto por correo”, insinuando claramente que lo que Trump decía es falso.

Esta es una medida que Twitter toma desde hace meses con muchos otros usuarios, pero nunca había dado el paso de aplicar estas advertencias a Trump. Su reacción fue furibunda, y aprobó una orden ejecutiva para pedir a su gobierno que revise una ley de la prehistoria de internet, allá por los años noventas, que considera que empresas como Twitter, o Facebook, o Google, no son legalmente responsables por lo que dicen sus usuarios en ellas porque se consideran menos canales de información, no emisores de información.

UNA ORDEN EJECUTIVA ¿PARA QUÉ?

Siendo sinceros, el objetivo de Trump sería poder sancionar a una empresa que diga algo o haga algo que él considere falso, con su particular visión sobre la realidad. Pero el mandatario sabe que esta orden ejecutiva no va a ninguna parte, porque reformas estas leyes requiere un largo proceso legislativo que, además, podría luego encallar en los tribunales. Y eso, a menos de cinco meses de las elecciones presidenciales.

De esta manera, la intención del mandatario era reforzar ante su base de seguidores la retórica de que las tecnológicas tienen un sesgo progresista que le perjudica. Pero lejos de amilanarse ante las amenazas, Twitter había decidido redoblar sus esfuerzos para parar los pies al presidente, y un día después de sus tuits engañosos, ocultó otro mensaje del mandatario, en que la empresa consideró que glorificaba la violencia al amenazar a los manifestantes antirracistas con dispararles si llevaban a cabo saqueos.

Tras aprobarse la orden ejecutiva, el CEO de Twitter, Jack Dorsey, se limitó a asegurar: "Continuaremos señalando información incorrecta o disputada sobre las elecciones a nivel mundial". Y aquí es donde entra en juego Facebook, porque la reacción de su fundador y presidente, Mark Zuckerberg, a todo lo que estaba sucediendo, siendo bien distinta, no sorprendió a nadie.

Aunque Zuckerberg afirmó que la orden ejecutiva del mandatario no le parecía el camino correcto, el CEO de Facebook ya había mostrado su postura cuando decidió que, el mismo post que Twitter decidió ocultar, debía seguir siendo visible en su red social. El todavía joven aunque multimillonario empresario defendió su decisión asegurando que fue “difícil” pero “muy meditado”. “Cuando tomé esta decisión sabía que llevaría a mucho enojo dentro de la compañía y que nos criticarían mucho desde los medios”, dijo Zuckerberg a empleados durante una videoconferencia, según reportó The New York Times.

MIENTAN, NO HAY PROBLEMA

Para entender la postura del CEO de Facebook hay que remontarnos unos meses atrás, hasta octubre de 2019, cuando unas declaraciones suyas durante un acto en Washington desataron la polémica. “Claro que me preocupa la erosión de la verdad, pero creo que la mayoría de la gente no quiere vivir en un mundo donde solo puedas postear contenido que las empresas tecnológicas consideren que son 100 por ciento verídico”, aseguró Zuckerberg entonces. También admitió que se había planeado liquidar directamente los anuncios políticos, pero argumentó que le parecía que hacer eso daría ventaja a las personas en ejercicio de sus cargos.

Y no fueron solo palabras. Días antes, a inicios de octubre, Joe Biden, entonces solo aspirante a la candidatura demócrata a los comicios de octubre, reclamó a Facebook que retirara un anuncio de la precampaña de Trump con información falsa sobre él. Y aunque eso, irónicamente, daba ventaja al mandatario en ejercicio, la compañía se negó.

NO SE PERMITE PROPAGANDA

Este fue un claro ejemplo de la constante discrepancia que Zuckerberg mantiene con Dorsey, el jefe de Twitter, porque solo diez días después de las palabras del CEO de Facebook, su contraparte del pájaro azul decidió prohibir todo tipo de anuncio político pagado. Muerto el perro, muerta la rabia, dicen.

Dorsey fue meridianamente claro en su argumentación: “Si bien la publicidad en Internet es increíblemente poderosa y muy efectiva para los anunciantes comerciales, ese poder tiene riesgos importantes en política, donde se puede utilizar para influenciar los votos y afecta a las vidas de millones de personas”.

Tampoco estuvieron de acuerdo los propios empleados de Facebook con la decisión de su CEO de permitir que Trump siga mintiendo impunemente en la red social. Cuando la plataforma decidió mantener el post que instigaba a la violencia contra los manifestantes antirracistas. El 1 de junio, numerosos empresarios de la compañía realizaron una huelga virtual durante varias horas para protestar contra la decisión de mantener colgado el post.

¿QUIÉN HA APRENDIDO DE 2016?

Pero Facebook ni rectificó ni parece que vaya a hacerlo. De hecho, la postura de la empresa es consistente con lo que ha hecho en el pasado. En la campaña electoral de 2016 no dudó en permitir la proliferación de páginas de desinformación que publicaron posts, pagados u orgánicos, con noticias falsas para desacreditar a la entonces candidata demócrata Hillary Clinton.

Esta filtración de los llamados ‘bots’, cuentas falsas, automatizadas para orquestar una campaña de desinformación, en este caso más que presuntamente desde Rusia, también ocurrió en Twitter, por supuesto. Pero, a diferencia de lo que ha hecho Zuckerberg, que manifiesta que, mientras paguen, todo esto le parece bien, Twitter ha tratado de corregir su error y erigirse en la empresa que se atreve a pararle los pies al mentiroso de Trump.