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Ciudad de México (SinEmbargo).- “Ten mi pistola”, le dijo el militar mexicano, él mismo identificado como del Estado Mayor Presidencial, al periodista Francisco Cobos.

El escolta vestido de civil le puso el arma en su mano: “Te doy mi pistola, te la dejo como garantía a cambio de tu celular. No te voy a robar el teléfono. Nomás quiero borrar las imágenes que le hiciste a la señora”.

Desde París, el periodista dice en entrevista con SinEmbargo que es inaceptable la agresión que sufrió por parte de los militares que protegen a la Primera Dama Angélica Rivera y a sus hijas. Le torcieron el brazo, dice; le hicieron “manita de puerco”.

El tren de vida de la Primera Dama y sus hijas, dado a conocer por ellas mismas durante los últimos años a través de distintas publicaciones, continúa cuando faltan cuatro meses para que termine el sexenio de Enrique Peña Nieto. Desde el 1 de julio, cuando acudió a votar, no se ha vuelto a ver en público a Angélica Rivera en México. En cambio, se le ha ubicado en distintos lugares de Europa, según han publicado algunas revistas de la llamada prensa rosa, medios preferidos por ella.


La última noticia del verano que disfrutan desde hace varias semanas fue dada a conocer por el periodista regiomontano Francisco Cobos, colaborador de Univisión. Fue por una casualidad que observó a la Primera Dama y A sus hijas sentadas en una terraza del lujoso restaurante L’Avenue cerca de Champs-Élysées. Él mismo estaba de vacaciones.

El periodista logró salvar las imágenes y el video que le exigían las escoltas, gracias a la decisión de su hija, quien grabó todo. Lo subieron a redes sociales.


“Caminábamos por la avenida Campos Elíseos y dimos vuelta en una calle donde están las joyerías más exclusivas y a dos cuadras estaba el edificio de Dior con un aparador muy bonito que le gustó a mi hija. Me pidió que le tomara una foto ahí. En ese momento, miré hacia la esquina y veo en la terraza del restaurante a alguien que se me hizo familiar. Me doy cuenta que es ‘La Gaviota’”, detalla.

“Le digo a mi hija: ‘Mira, ahí está la Primera Dama’. Entonces Natalia la saluda y ella también levanta la mano. Cruzamos la calle para seguir nuestro camino, pero luego pensé: ‘deja le tomo una foto’. Saqué mi cámara profesional y tomé tres fotos y luego quise grabar. Me acerqué con el teléfono celular y en eso viene el guardia, me agarra la mano y me intenta arrebatar el teléfono”, agrega.

“Yo no sabía quién era porque no se identificaba y estaba vestido de civil. Me dijo que me retirara y que no podía grabar, que eran militares mexicanos y uno de ellos especificó que eran del Estado Mayor Presidencial”.

La semana pasada, la revista Hola! publicó fotos de Sofía Castro, hija de Rivera y el productor José Alberto El Güero Castro, disfrutando sus vacaciones. “Sofía Castro disfruta de un verano perfecto entre Madrid y Roma”, dice el titular. Añade: “Aprovechando la época más divertida del año, la actriz ha dividido sus días entre Italia y España, escenarios de sus vacaciones”.

La nota explica que Sofía y su familia andan de vacaciones. “La primogénita de la Primera Dama Angelica Rivera no para y sigue acumulando millas recorridas ahora por Europa, luego de su viaje relámpago a Rusia para apoyar a la selección mexicana de fútbol”.

Dice que seguirán “disfrutando de la dolce vita”.

¿Qué tipo de restaurante es ése que el Estado Mayor Presidencial vigilaba para que la Primera Dama y sus hijas comieran? ¿Qué es el L’Avenue?

El lujoso restaurante está ubicado en el número 41 de la avenida Montaigne cerca de Champs-Élysées. Es uno de los favoritos de artistas y la socialité internacional, como las Kardashian o Rihanna. Está de moda y su carta de vinos especifica que una copa de champán cuesta 45 euros, es decir, cerca de 900 pesos. Una botella de agua Evian, Perrier o Badoit, la venden entre 8 y 15 euros (de 160 a 300 pesos).

Su carta de vinos ofrece cocteles desde 400 pesos y su menú: platillos de vegetales al curry, por 26 euros (520 pesos); un Tom Yam Chili Sea Bass por 56 euros (mil 120 pesos). O un salmón ahumado por 32 euros (620 pesos). Los postres andan entre los 500 y mil 500 pesos.

El menú para una persona está calculado entre 3 mil y 5 mil pesos. Para tres personas, puede rebasar los 30 mil pesos.

Como era de esperarse, las fotos y el detalle circuló extensamente en un puñado de medios –entre ellos SinEmbargo– y en las redes sociales.

El periodista añade:

“Luego llegó uno vestido con camisa azul, que posiblemente era el jefe porque era más agresivo. Me tomó del brazo, me hizo manita de puerco torciéndome el brazo y entre los dos me cruzaron la calle a la esquina siguiente. Paradójicamente, me llevaron hacia donde se había quedado mi hija. Ella, al ver la acción, obviamente se asusta y se agacha detrás de un macetero. Pero con la decisión y la certeza de grabar con su celular lo que me estaban haciendo. Ambos me exigían que borrara las imágenes y yo no me dejaba, no lo soltaba, hasta que logré meterlo [el celular] en mi mochila”.

–¿Sabes que te podemos detener por esto? –le dijo el militar vestido con camisa azul.

–¿Por qué? Estoy en la vía pública, es mi celular y además no estamos en México. Ustedes no tienen jurisdicción en París –les respondió Francisco Cobos.

–¡Dame ese teléfono y borra las imágenes! –le contestó el militar, y añadió–: ¿Quieres que le llamemos a la policía?

–Sí –le dijo Cobos–. Llama a la policía.

El periodista recuerda que en ese momento decidieron dejarlo ir. Y fue cuando él y su hija siguen su camino que, para su sorpresa, notaron al militar con camisa azul que los iba siguiendo durante cuatro cuadras.

– Te pido de favor que me des tu teléfono para ver qué tienes y borrar las imágenes –le dijo el elemento del Estado Mayor Presidencial.

–Pero, ¿por qué las vas a borrar? –le contestó Cobos.

–Es que lo que grabaste no está bien.

–Mira, lo que grabé es mío. Estoy de vacaciones y no voy a borrar ese material.

–¿Dónde lo vas a usar?

–Yo sé donde lo voy a usar. No lo voy a borrar. Además, ¿cómo te voy a prestar mi teléfono si hace rato me lo querías arrebatar? No sé si ahorita lo agarras y te vas corriendo.

Entonces el militar le mostró una bolsa negra que llevaba colgada y a continuación sacó su arma.

–Ten mi pistola, agárrala en garantía de que no te voy a robar el teléfono. Nomás quiero borrar las imágenes que le hiciste a la Señora –le dijo y le puso el arma en su mano.

–¡Mucho menos! No te voy a dar mi teléfono –dijo Cobos al regresarle la pistola–. Me tengo que ir, mi hija está muy asustada y voy a seguir, estamos de vacaciones. Voy a seguir mi camino. Solo queríamos una foto. Incluso ella saludó a mi hija. No sé de dónde salió tanta violencia.

–De hecho, la señora está muy apenada y quiere que te regreses tú y tú hija, para que se tomen una foto con ella –le contestó el militar.

–No, gracias, voy camino a otra parte y llevo prisa.

El militar le permitió irse.

“Fueron muy severos y violentos, pero moderados. No se que oculta la Primera Dama. No lo sé. Pero la lectura que tengo es está: Numero uno, como periodista voy por la calle y veo un personaje, me paro y le tomó una foto. Si les molesta, solo me lo dicen y me retiro. Pero si vienen y sin mediar palabra me quieren quitar mi celular, no lo acepto.

“Número dos: si ya tomé la foto o que haya grabado, ¿por qué me siguen cuatro cuadras y quieren que borre el material? ¿Por qué? ¿Con qué derecho? La verdad, no entiendo. En fin, es un trago amargo que ya pasó. Yo sigo mis vacaciones”.

Para Francisco Cobos es importante la defensa de la libertad de expresión, que aún fuera de México sigue en riesgo.

“La libertad de expresión hay que defenderla y depende mucho de nosotros, de hasta donde lo permitamos. Hicieron todo lo posible porque no saliera a la luz estas imágenes, pero en estas circunstancias la mejor opción era publicarlas, precisamente en defensa de esa libertad”.

 

Last modified on Tuesday, 07 August 2018