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Casi 37 millones de españoles están convocados hoy a las urnas para renovar el Parlamento del que saldrá el futuro gobierno. Con un alto número de indecisos (hasta un récord de 41% en la última semana de campaña), las elecciones más reñidas en 41 años de democracia, (desde el fin de la dictadura franquista) sólo arrojan dos certezas: que ningún partido está en condiciones de lograr mayoría absoluta, y que la extrema derecha va a entrar en el Parlamento, de la mano del partido de nueva formación Vox, liderada por la estrella emergente Santiago Abascal.

Según confirman todas las encuestas desde que empezó la campaña electoral, hace 15 días, se da por hecho que el PSOE ganará las elecciones, pero no alcanzará los 176 escaños de la mayoría absoluta que le permitiría gobernar en solitario. Con mayoría simple, el presidente Pedro Sánchez estaría obligado a negociar con otras formaciones parlamentarias, como Podemos (izquierda), liderada por la estrella decadente Pablo Iglesias, y los nacionalistas vascos y catalanes, que ya han anticipado un voto favorable a que Sánchez gobierno los próximos cuatro años, con tal de que no suba al poder la derecha nacionalista española.

La conspiración de la derecha. En caso de que fracasen las negociaciones, sería el segundo partido más votado el que tendría derecho a negociar la formación de un gobierno con otros partidos. Las encuestas otorgan el segundo puesto al PP, de Pablo Casado, de ideología mucho menos centrista y más radical que la del anterior mandatario, Mariano Rajoy.

La esperanza de Casado es que el PP, al que las encuestas le otorgan 74 escaños (la más optimista 106) logre sumar con sus dos aliados —Ciudadanos, del catalán Albert Rivera, y Vox, del vasco Santiago Abascal— los 176 escaños de la mayoría absoluta. De ocurrir este escenario, España daría un giro brusco a la derecha. El vuelco electoral sería especialmente dramático en Cataluña, donde los tres líderes han prometido castigar a los independentistas nada más lleguen al poder.

Consciente del peligro que supone que llegue al poder Casado, quien el viernes abrió la puerta a formar un gobierno de coalición PP-Vox, el socialista Sánchez invocó el voto del miedo, advirtiendo que “la involución de España es una amenaza real”.

“Nada está hecho, ganar no significa gobernar, tenemos que ganar y gobernar, si no gobernamos, no ganamos”, alertó en el último mitin el candidato del PSOE.

Por su parte, el candidato del PP advirtió contra la división del voto conservador. “Simpatizantes de Ciudadanos y de Vox, con todos mis respetos, si no les importa que pueda seguir gobernando Sánchez, sigan votando a Vox y a Ciudadanos”, dijo.

La incógnita Vox. La gran incógnita es, efectivamente, cuántos votos y escaños va a lograr hoy la extrema derecha de la mano de Vox, el fenómeno político de España en el último año, surgido como reacción del nacionalismo más rancio español (que se creía muerto con el dictador Franco) al desafío independentista catalán.

El primer aviso serio de que los nostálgicos del franquismo han llegado para quedarse ocurrió durante las elecciones regionales en Andalucía, celebradas el pasado 26 de mayo. Cuando nadie lo esperaba, la brusca irrupción de Vox logró echar del poder al PSOE, después de cuatro décadas ininterrumpidas gobernando en la región más poblada de España. El PP, que gobierna en Andalucía, gracias a los votos de Ciudadanos y Vox, espera repetir hoy el éxito de esta triple alianza de derechas.

Sin embargo, si el voto de centroderecha traiciona al PP por Vox, o se queda en casa, esa división o esa abstención beneficiarían finalmente al PSOE. Casado tiene bien identificado dónde está el peligro: en la veintena de provincias de la llamada “España vacía” que tienen apenas tres o cuatro escaños en juego. Por ejemplo, la provincia de Zamora otorgó en las pasadas elecciones dos escaños al PP y uno al PSOE. Con la irrupción de la extrema derecha, Vox podría arrebatar un escaño al PP, o peor aún, el PSOE podría obtener dos escaños, si el votante conservador más moderado podría quedarse en casa, asustado por la deriva extremista del PP y su promesa de aliarse con la extrema derecha.

En el mejor escenario para el partido de Abascal —el mismo que pidió a los mexicanos que estén agradecidos por haber sido conquistados por España—, Vox obtendría hasta 52 escaños gracias al llamado “voto oculto”. Sería una gran victoria para la extrema derecha, pero una pésima noticia para Casado, que asistiría impotente a una sangría de votos del PP a Vox, mientras se desvanecería su ambición de convertirse en presidente de España y digno sucesor de su admirado José María Aznar.

En cualquier caso, la noche electoral en España promete ser de infarto.