¿POR QUÉ LE TEMEMOS A LA VISITA DEL SUPERVISOR?
He leído varias publicaciones que señalan que, con la Nueva Escuela Mexicana, la función de la supervisión escolar ha evolucionado: ya no se trata únicamente de revisar documentos, buscar errores o verificar el cumplimiento administrativo.
La propia visión de la NEM plantea que el supervisor debe ser un acompañante pedagógico, un asesor, un gestor y un vínculo entre la escuela y las autoridades educativas.
Entonces surge una pregunta:
¿Por qué todavía hay docentes y directivos que sienten nerviosismo cuando se anuncia una visita de supervisión?
Quizá porque durante muchos años se entendió la supervisión como un ejercicio de control, de observación para sancionar o de búsqueda de incumplimientos.
Sin embargo, hoy las escuelas enfrentan desafíos mucho más complejos: rezago educativo, problemas de convivencia, atención a la diversidad, infraestructura insuficiente, sobrecarga administrativa y contextos sociales cada vez más demandantes.
Ante esta realidad, la supervisión debería convertirse en una aliada de las escuelas.
Una visita de supervisión tendría que servir para:
✔ Identificar áreas de oportunidad.
✔ Brindar orientación técnica y normativa.
✔ Fortalecer el trabajo directivo.
✔ Generar soluciones conjuntas.
✔ Respaldar a los colectivos escolares en la toma de decisiones.
Porque una cosa es señalar una irregularidad cuando existe una falta deliberada, y otra muy distinta es pretender responsabilizar a docentes o directivos por situaciones derivadas de años de abandono institucional, falta de recursos, carencia de personal o problemas heredados.
La Nueva Escuela Mexicana habla de contextualizar, comprender la realidad de cada escuela y construir soluciones desde el acompañamiento.
Si el supervisor es un líder pedagógico, como establecen los principios actuales, entonces su presencia debería generar confianza, orientación y fortalecimiento institucional, no temor.
Las escuelas necesitan supervisores que acompañen, asesoren y gestionen.
Porque cuando la supervisión se centra únicamente en buscar responsables, se pierde la oportunidad de construir mejores escuelas.
Y al final, el objetivo no debería ser encontrar culpables.
Debería ser garantizar el derecho de nuestros estudiantes a recibir una educación de calidad..
