Joel Huiqui acaricia la copa y sonríe. Festeja en el Estadio Olímpico Universitario con el equipo que acaba de bordarle la décima estrella al escudo de Cruz Azul al vencer a Pumas en la final (2-1, 2-1 global). En la cabecera visitante, cientos de aficionados gritan hasta las lágrimas. Son expresiones de felicidad, pero también de angustia, coraje la resaca de varios años de fracasos y derrotas, el eco de esas voces que acusaban de perdedor a uno de los clubes más ganadores del futbol mexicano. Pero el deporte, que siempre es imposible de descifrar, decidió ayer dictar un poco de justicia para La Máquina.
De la mano de Joel Huiqui como entrenador interino y en una temporada itinerante, el conjunto celeste remontó en el partido de vuelta para coronarse en Ciudad Universitaria. Rodolfo Rotondi se vistió de héroe al marcar sobre el tiempo de descuento el gol con el que Cruz Azul venció 2-1 a Pumas el domingo.

Cruz Azul volvió a alzar el título del futbol mexicano por primera ocasión en cinco años. Suman esta corona del Clausura 2026 a las conquistadas en las ligas de 1968-69, 1970, 1971-72, 1972-73, 1973-74, 1978-79, 1979-80, Invierno 1997 y Clausura 2021.
Los celestes también cobraron venganza de la última ocasión que se enfrentaron a Pumas en una final, en la que cayeron 4-1 en el mismo campo de Ciudad Universitaria en 1981 para verse superados 4-2 en el global.
Los celestes supieron sufrir antes de ver el trofeo en alto, sostenido por las manos de su capitán, el mexicano Carlos Rodríguez. El mediocampista dejó atrás la tensión y el desgaste de la espera. Se abrazó con Huiqui, quien a su vez hizo lo mismo con Rodolfo Rotondi y los chicos formados en las fuerzas básicas del club. Miró a los ojos a trabajadores y directivos de la institución, aquellos a los que les prometió como el resto de sus compañeros que habría revancha. Si la conquista de 2021 seguía fija en la memoria de los más grandes, la siguiente corona tendría que ser inolvidable para los más chicos. Y así fue. Se los había prometido al hacerse cargo de la dirección del equipo. Y no les falló.
Hubo quienes dejaron de creer por algún destello de temor o ruido mediático. Pesaba la superstición, el empate sin goles en el Estadio Ciudad de los Deportes, la venta anticipada de camisetas de Pumas con el número 8 gigante y la palabra “campeón”, además del pasado ganador de Efraín Juárez en Colombia con el Atlético Nacional. Todo pesaba, pero el equipo de Huiqui creyó siempre. No era posible que se les escapara esta vez. La afición azul deseaba la décima, se obsesionó con ella y, al final, recordó a quienes se burlaron de la falta de un estadio propio cómo se construye un reino en casa ajena.
En el campo, los dos equipos honraron el juego con un partido vibrante. Dos rivales de estilos opuestos, pero comandados por entrenadores formados en las fuerzas básicas. Volvió a verse ese orgullo casi amateur de los celestes: generosos, solidarios y aguerridos hasta la imprudencia. Pero la capacidad competitiva de Pumas, tantas veces acreditada bajo la dirección técnica de Juárez, los llevó a resistir, esperar y, de alguna manera, rescatar a los árbitros de la enorme polémica que se avistaba -después de la designación del silbante Daniel Quintero Huitrón y los señalamientos públicos contra Cruz Azul- con una remontada memorable.
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