Rafael Michel.
La Federación Internacional de Futbol Asociación -FIFA- debe brindar una explicación, por el trato que le han dado a uno de los árbitros, que lo devolvieron a su casa. En medio de la controversia más reveladora que ha rodeado hasta ahora al Mundial 2026 es fácil perder de vista el costo humano. El reconocido árbitro Omar Abdulkadir Artan vio desvanecerse el mayor sueño de su vida justo cuando estaba a punto de cumplirlo, después de años de trabajo para llegar a este momento. Habría sido el primer somalí en dirigir en una Copa del Mundo, un detalle significativo si se tiene en cuenta la insistencia de la FIFA en destacar su compromiso con el desarrollo del futbol africano. Miguel Delaney, del Independiente hace referencia que a la vez, varios integrantes del cuerpo técnico iraní no pudieron acompañar a sus jugadores en un momento difícil para la selección, después de que también se les negara la entrada al país. El árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, devuelto el sábado a su llegada a Estados Unidos, declaró este martes al New York Times que desconocía los motivos por los que se le había prohibido la entrada y lamentó que "el mayor sueño de (su) vida" se hizo añicos. Omar Artan, de 34 años, que fue designado árbitro del año por la Confederación Africana de Fútbol en 2025, debía ser el primer somalí en dirigir durante un Mundial. "Estoy muy, muy decepcionado", dijo en una entrevista telefónica concedida desde Estambul, la ciudad a la que fue enviado de vuelta tras negársele la entrada en territorio estadounidense. "Solo soy un árbitro que intentaba vivir su sueño, el mayor sueño de mi vida, participar en el Mundial". Omar Artan dijo que fue interrogado durante once horas antes de que lo llevaran a una celda de detención, donde fue retenido varias horas antes de ser embarcado en un vuelo de regreso a Estambul, sin que los agentes le informaran de los motivos por los que se le prohibía la entrada a Estados Unidos."Tenía la documentación correcta, lo tenía todo, tenía el visado adecuado", afirmó al New York Times, añadiendo que mostró a los agentes de inmigración documentos de la FIFA, así como fotos de su carrera. - "Tienen un problema con mi país" -"Creo que tienen un problema con mi país", indicó, precisando que el miércoles regresaría a Mogadiscio. Somalia es uno de los numerosos países cuyos ciudadanos están afectados por una prohibición de viajar a Estados Unidos impuesta por la administración de Donald Trump.por la AFP, la policía de fronteras estadounidense (CBP) explicó que "el 6 de junio, un ciudadano somalí llegó al aeropuerto internacional de Miami procedente del aeropuerto internacional de Estambul... Durante los trámites, el viajero fue sometido a una inspección adicional, una etapa de rutina". "Al término de la inspección, el viajero, un árbitro para la Copa del Mundo, fue considerado inadmisible debido a problemas relacionados con la verificación de sus antecedentes y se le denegó la entrada al territorio", añadió la agencia dependiente del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

El caso ha causado indignación en Somalia, donde el Ministerio de Juventud y Deportes defendió "la integridad" de Omar Artan y lamentó que no hubiera sido posible revertir su expulsión pese a "intensas gestiones diplomáticas y negociaciones con las autoridades competentes del gobierno de Estados Unidos y de la FIFA, con el fin de lograr una resolución inmediata". La FIFA declaró, por su parte, que no podía intervenir en los procedimientos de inmigración de los países anfitriones. "La FIFA no interviene en los procesos de inmigración del país anfitrión, incluida la concesión de visados, y las autoridades le han informado de que la situación de Artan no cambiará por el momento", señaló a la AFP un portavoz de la FIFA el martes, luego de que se conociera la negativa al ingreso del árbitro somalí a Estados Unidos…Mientras que por otro lado el delantero iraquí Aymen Hussein pasó horas bajo interrogatorio a su llegada a Chicago, mientras que las delegaciones de Senegal y Uzbekistán denunciaron el trato recibido durante controles de seguridad realizados sobre la pista del aeropuerto. Y todo esto antes de la llegada masiva de aficionados. Además, surgieron denuncias sobre la revocación de asignaciones de entradas destinadas a seguidores iraníes. Conviene recordar qué representa, en esencia, una Copa del Mundo: una celebración global que los países aspiran a organizar por su capacidad para reunir a personas de todos los rincones del planeta. Estas historias transmiten una imagen muy distinta. Y vale la pena subrayarlo: el torneo nunca había afrontado problemas de visado de esta magnitud. Una fuente vinculada a la organización llegó a describirlo como una “Copa del Mundo solo de nombre”. La pregunta, entonces, resulta inevitable: ¿debería celebrarse un Mundial en un país que parece no querer recibir a algunos de los participantes y aficionados que forman parte de él? Es escandaloso que se haya llegado a este punto, y a tan poco del inicio del torneo. ¿Cómo fue posible que el caso de Artan avanzara hasta aquí? Resulta llamativo que países con historiales tan cuestionados como Qatar y Rusia ofrecieran menos obstáculos a los participantes de un Mundial. Más allá del debate sobre el lavado de imagen a través del deporte, el problema remite a una serie de cláusulas contractuales que forman parte de cualquier candidatura para organizar torneos de la FIFA. Entre ellas figuran las llamadas "garantías gubernamentales", que abarcan visados, permisos, inmigración y procedimientos de registro. Fuentes de alto nivel vinculadas a la organización las describen como "la base de cualquier contrato de sede". Por eso llama la atención que el organismo rector intente ahora tomar distancia del asunto al insistir en que "no participa en los procesos migratorios de los países anfitriones, incluidas las decisiones sobre visados". Esa postura revela mucho sobre este Mundial y sobre el rumbo que ha tomado la FIFA. Basta con recordar lo que dijo el propio presidente del organismo, Gianni Infantino. En 2017 afirmó: "Es evidente que, en lo que respecta a las competiciones de la FIFA, cualquier selección que se clasifique para un Mundial —junto con sus aficionados y dirigentes— debe poder ingresar al país anfitrión. De lo contrario, no hay Mundial". Y el año pasado declaró: “Es importante aclararlo. Hay muchos malentendidos. Todos serán bienvenidos en Canadá, México y Estados Unidos para la Copa Mundial de la FIFA del próximo año”. A la luz de lo ocurrido, parece que el único que alimentó esos malentendidos fue el propio Infantino. Y ese error de cálculo podría tener consecuencias más profundas. Por un lado, el trato desigual hacia algunas selecciones amenaza con alterar el desarrollo del torneo. Senegal aparecía como uno de los posibles equipos revelación. Irán , incluso, podría cruzarse con los anfitriones en octavos de final. Hoy, ambos parten con una desventaja difícil de ignorar. Además, el episodio coincide con reportes de distintas fuentes sobre presiones a asociaciones nacionales para que respalden una nueva candidatura de Infantino a la presidencia de la FIFA. Todo esto ocurre antes del inicio de un Mundial estrechamente asociado a su figura y que ya acumula controversias. Lejos de reforzar su legado, esos problemas podrían exponer algunas de las principales debilidades de su gestión. La pregunta de fondo es qué sentido tuvo tanta cercanía con Donald Trump. ¿No se suponía que esa relación serviría para resolver situaciones como esta? En cambio, la FIFA apenas ha obtenido resultados concretos. Incluso su decisión de desentenderse de los procesos del país anfitrión proyecta la misma falta de liderazgo. Varias figuras influyentes del fútbol han descrito esa postura como "obtusa", "de mala fe" y, en un caso, "una completa estupidez"... Se nos terminó el espacio, nos leemos después en su columna chipocluda, Relevancia Deportiva.
