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Birmania se levantó este domingo de luto, un día después del sábado sangriento, que dejó un saldo de al menos 114 muertos, de ellos seis niños, luego de que la junta militar ordenarse a las tropas disparar a matar contra los civiles, que se manifiestan en masa contra el golpe de Estado del 1 de febrero.

El número de muertos total desde el golpe supera los 460 en un ambiente de terror en el que los uniformados disparan y torturan a civiles desarmados a diario.

No obstante, los birmanos volvieron a protestar hoy, aunque en marchas menos multitudinarias que la víspera. En la ciudad de Monywa, las fuerzas de seguridad mataron a un hombre no identificado y a una enfermera de 21 años que recibió un disparo en la cabeza cuando estaba atendiendo a heridos por las balas de los uniformados.

Además, al menos dos personas resultaron heridas debido a una granada lanzada supuestamente por las fuerzas de seguridad en Rangún, la mayor ciudad del país, según el grupo disidente Myanmar Spring Revolution.

ACTO MACABRO

En uno de los actos más macabros de la represión, los soldados dispararon anoche contra un hombre de 40 años en la región de Mandalay y lo tiraron a unas barricadas en llamas, donde murió a causa del fuego. Debido a los disparos de los soldados, ningún vecino pudo salir a socorrer a la víctima, Aye Ko, que estaba casado y tenía cuatro hijos.

La junta militar ha cerrado medios y persigue a los periodistas, por lo que la cobertura de las protestas y la represión depende de reporteros que viven en la clandestinidad y testigos que graban y fotografían lo que ocurre en la calle con sus celulares.

INÉDITA CRÍTICA DE JEFES CASTRENSES

Tras la violencia del sábado, los máximos jefes de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos y otros once países condenaron a los militares birmanos, que masacraron a los manifestantes mientras celebraban el Día de las Fuerzas Armadas con un desfile y una cena de gala.

La nota, difundida por el Pentágono y firmada por comandantes militares de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Países Bajos, Japón, Corea del Sur y Australia, entre otros, critica el uso de fuerza letal contra civiles desarmados y afirma que el Ejército birmano ha perdido la "credibilidad".

Se trata de un comunicado muy poco habitual por parte de los jefes militares de esos países, que suelen dejar este tipo de pronunciamientos en manos de los diplomáticos y titulares de la cartera de Exteriores.

Esta condena contrasta con países como China, Rusia, India, Pakistán, Vietnam y Tailandia, que enviaron representantes a Birmania con motivo del Día de las Fuerzas Armadas.

CRÍTICAS A LA COMUNIDAD INTERNACIONAL

El relator especial de la ONU para los Derechos Humanos en Birmania, Tom Andrews, calificó la represión del sábado de "asesinatos en masa" y criticó a los países que evitan condenar la violencia o la critican sin tomar acciones.

Así, pidió una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU para imponer sanciones que eviten que los militares birmanos sigan beneficiándose de negocios como la explotación de gas y petróleo o puedan comprar armamento.

"Si el Consejo de Seguridad no puede actuar, entonces debería organizarse de manera inmediata una cumbre internacional de emergencia", agregó en un comunicado.

Hasta ahora, China y Rusia han impedido con su derecho de veto que el Consejo de Seguridad condene enérgicamente o tome medidas contra Birmania.