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Este fin de semana, Río de Janeiro vive una rareza: Sus playas, como las de Ipanema o Copacabana, además de praia Vermelha y Botafogo, que se cuentan entre las más famosas, visitadas y bellas del mundo amanecieron desde el sábado completamente vacías, con cordones policiales prohibiendo la entrada de bañistas y turistas en general. La imagen responde a la decisión del alcalde de Río, Eduardo Paes, de imponer medidas más restrictivas a sus ciudadanos para tratar de hacer algo ante la pandemia, que se encuentra completamente desbocada en todo Brasil.

Lejos de resultar una cifra esperanzadora, las mil 290 muertes por COVID-19 en el país anunciadas este domingo parecen ser la confirmación de que toda actividad baja el fin de semana, incluyendo los reportes desde los hospitales. No en vano, durante los anteriores diez días, el país ha estado batiendo récord tras récord, de muertes y de contagios, con más de 2 mil 300 fallecimientos por día durante los anteriores seis días.

De hecho, el récord absoluto durante la pandemia se marcó el viernes, con 2 mil 438 decesos, anunciados el sábado. En total, Brasil cuenta ahora 294 mil 92 muertes y 11 millones 998 mil 233 casos.

LAS UCI, DESBORDADAS

Pero más allá de las estadísticas, la situación de descontrol se vive día a día en las Unidades de Cuidados Intensivos (UCI) en todo Brasil. En 25 de los 27 estados del país su ocupación superaba este domingo el 80 por ciento, y en 15 de ellos se encuentra ya por encima del 90 por ciento; incluyendo Río, con el 95 y Sao Paulo, con el 91.5 por ciento.

De ahí que la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) del país alertara el sábado que está tomando medidas para adelantarse a un posible desabastecimiento de oxígeno y de medicamentos en las UCI, como por ejemplo, eliminar trámites burocráticos para agilizar la compra y distribución de los insumos.

También ha autorizado usar cilindros de oxígeno de origen industrial para rellenarlos con oxígeno medicinal para "aumentar la oferta de abastecimiento" de oxígeno a los hospitales, dijo Anvisa en un comunicado.

MÁS JÓVENES EN ESTADO GRAVE

La explicación de cómo se ha llegado a esto se debe, en parte, a la variante brasileña del virus, que se ha demostrado más contagiosa y potencialmente letal. De hecho, el doctor Jaques Sztajnbok, director de la UCI del hospital Emilio Ribas, de Sao Paulo, aseguró este domingo a la agencia AFP que están “viendo una prevalencia de pacientes más jóvenes, sin comorbilidades, internados con cuadros muy graves", y que está situación parece replicarse en todo el país.

Es este hecho el que convierte a Brasil en una preocupación global, pues el desdén que millones de jóvenes han mostrado por la pandemia en todo el mundo, con viajes de turismo incesantes, incluso a nivel internacional (cabe recordar los 143 jóvenes argentinos contagiados en Cancún), amenazan con diseminar la variante brasileña del virus, llamada P.1, en lugares donde incluso las vacunas sufren para combatirla. Esto ocurre también, por ejemplo, con la variante sudafricana.

BOLSONARO, PELIGRO PÚBLICO

La otra gran explicación de por qué Brasil se encuentra en esta situación la encontramos, por supuesto, en el apabullante negacionismo que el presidente, el ultraderechista Jair Bolsonaro, hace de la pandemia, convenciendo a decenas de millones de sus seguidores de que no cumplan ninguna medida de confinamiento o aislamiento social.

El mandatario presentó esta semana una demanda judicial ante la Corte Suprema contra las medidas que están tomando algunos estados donde se ha enemistado con sus gobernadores, y este domingo, coincidiendo con su cumpleaños número 66, Bolsonaro no solo insistió en sus críticas, sino que directamente amenazó a los gobernadores que se preocupan por la salud de sus ciudadanos. Les dejó caer que "están estirando la cuerda" y agregó: “Hago cualquier cosa por mi pueblo (…). Pueden estar seguros de que nuestro Ejército es verde oliva y es de ustedes también. Cuenten con las Fuerzas Armadas por la democracia y por la libertad".

CAOS POLÍTICO

Todo esto ocurre mientras la secretaría de Sanidad vive estos días una larga transición en el cargo, después de que Bolsonaro nombrara el lunes pasado a su cuarto responsable de la cartera desde el inicio de la crisis sanitaria. Sin embargo, aún no hay fecha para el relevo en la secretaría, y el nuevo ministro, Marcelo Queiroga, se limita a comparecer junto al secretario en funciones, general Eduardo Pazuello. Además, Queiroga no ha dejado claro cuál será su línea, pues a la vez dice que seguirá "las recomendaciones de la ciencia" y que “el ministro de Salud ejecuta la política del gobierno".

¿Y LAS VACUNAS?

Y ante esta situación, la única esperanza son las vacunas, que llegan con cuentagotas al país. Este domingo arribó el primer cargamento del programa solidario COVAX, de la Organización Mundial de Salud, mientras hasta la fecha solo el 5.5 por ciento de los 212 millones de brasileños ha recibido al menos un pinchazo de alguna vacuna. Todo, demasiado lento para un país que vive una crisis sanitaria que es una bomba de relojería contando las horas para estallar.

Last modified on Monday, 22 March 2021