Este episodio protagonizado por un grupo de cachalotes se suma a las pruebas de que los humanos no son la única especie que recibe ayuda durante y después del parto.
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Al principio, los investigadores de los barcos no entendían lo que estaban presenciando entre las olas. Un grupo de 11 cachalotes acurrucados en la superficie estaban extrañamente quietos y realizaban de vez en cuando inmersiones poco profundas. Al cabo de una hora, los animales parecieron empezar a agitarse y una estela de sangre tiñó de rojo el agua. Los investigadores temieron que algo malo estuviera pasando, tal vez un ataque de tiburón. Pero era algo diferente.
De repente, apareció la ballena número 12. Era más pequeña y las otras la elevaban hacia la superficie para que pudiera respirar.
El suceso, analizado en dos estudios publicados el jueves en las revistas Science y Scientific Reports, constituye la evidencia más reciente de un número de investigaciones cada vez mayor que indican que la especie humana no es la única en la que las madres reciben algún tipo de ayuda durante y después del parto.
“No creo que se trate de comadronas o doulas en nuestra perspectiva humana, pero sin duda hubo ayuda y apoyo tanto para la madre como para la cría”, dijo Alaa Maalouf, uno de los autores y especialista en aprendizaje automático y robótica del Project CETI, el grupo de investigación de ballenas sin fines de lucro que presenció, documentó y analizó el parto.
Cabe destacar que la mitad de las ballenas presentes no tenían parentesco con la madre. La participación de individuos no emparentados es significativa para los científicos porque sugiere que la reciprocidad social, y no solo el impulso de dar continuidad a una línea genética, puede desempeñar un papel.
Se sabe relativamente poco sobre el nacimiento en la mayoría de los animales salvajes, porque rara vez se ve fuera del cautiverio, lo que cambia fundamentalmente los comportamientos. Muchos animales sociales, como los leones y los chimpancés, buscan el aislamiento para dar a luz. (Los científicos creen que esto puede estar motivado, al menos en parte, para evitar la agresión de los machos hacia las crías).
Los científicos supusieron durante mucho tiempo que los humanos eran la única especie que recibía ayuda. El parto humano es excepcionalmente difícil debido a la estructura de la pelvis y al tamaño de la cabeza del bebé.
“Una cosa que hemos aprendido es que siempre que se dice que algo es exclusivo de los humanos, descubrimos que no es así”, dijo Wenda Trevathan, antropóloga biológica y profesora emérita de la Universidad Estatal de Nuevo México, quien estudia los partos. Ahora, los científicos han documentado animales que ofrecen protección y otras formas de ayuda a las madres que dan a luz en varias especies, incluidos ciertos primates, delfines e incluso roedores.
En las ballenas, parece que las especies barbadas son más solitarias durante el parto y que la madre sola sube a la cría a la superficie para que respire, dijo David Gruber, biólogo marino que dirige el Project CETI. Pero para algunas especies dentadas, como los cachalotes, el nacimiento es una experiencia colectiva.
Los cachalotes, cazados durante mucho tiempo por su aceite y famosos gracias a Moby Dick, fueron devastados por la caza comercial de ballenas y actualmente están clasificados como vulnerables. El Project CETI se enfoca en la especie con una misión audaz: echar mano de la inteligencia artificial para descifrar su vocalización de chasquidos, con el objetivo de traducirla al lenguaje humano.
Algunos expertos no están de acuerdo con esta premisa, pues dicen que las secuencias de chasquidos, llamadas codas, podrían ser más parecidas a la música que a palabras traducibles. Pero el esfuerzo ha atraído a un impresionante grupo de científicos de campos tan diversos como la biología marina, el aprendizaje automático, la lingüística y la criptología. En 2024, el grupo publicó los hallazgos de un “alfabeto fonético del cachalote”. (CETI es la sigla en inglés para Iniciativa de Traducción de Cetáceos y juega con las siglas en inglés de SETI, el esfuerzo científico por detectar vida extraterrestre).
El nacimiento que documentaron tuvo lugar en julio de 2023 frente a la costa de Dominica, en el Caribe. Gracias a la tecnología disponible, fue captado por dos drones en el aire, grabadoras acústicas en el agua y fotografías desde los barcos, lo que proporcionó a los científicos abundante información para examinar. Shane Gero, biólogo marino del grupo que ha estudiado a las ballenas en cuestión desde 2005, identificó a los individuos y proporcionó sus árboles genealógicos.
Gero ha seguido a la madre, conocida como Rounder, desde que era amamantada por su propia madre, Lady Oracle, quien estuvo presente en el nacimiento y estuvo especialmente atenta a Rounder antes del parto, dijo.
Cuando las ballenas nacen, lo primero que surge es la cola, lo que tiene sentido dado que no pueden respirar bajo el agua. En lo que Gero describió como un milagro, Rounder se rotó cuando salió la cola, o aletas, de su cría, así que el dron captó ese momento. El alumbramiento tuvo lugar 34 minutos después.
El artículo de Science utilizó el aprendizaje automático para cuantificar el suceso y analizó si el espaciado, la orientación y el roce físico de las ballenas eran estadísticamente significativos o podían atribuirse al azar.
Descubrieron que las ballenas se orientaban hacia la madre durante el parto y hacia el recién nacido cuando termina. Las crías de cachalote no pueden nadar con eficacia inmediatamente, y un grupo de individuos —Rounder, su hermana Aurora y una ballena joven no emparentada llamada Ariel— pasó la mayor parte del tiempo levantando al recién nacido. Pero todas las ballenas del grupo actuaron como “apoyo principal” en algún momento, incluido el único macho, un adolescente llamado Allan que empezaba a abandonar el grupo para emprender una vida en gran medida solitaria, como hacen los cachalotes macho. Pero apareció en el parto.
Rara vez se dejaba a la cría sin contacto, y normalmente la tocaban al menos dos ballenas simultáneamente.
Según el resumen del trabajo, el análisis del equipo indicó que un miembro femenino de la familia había “dirigido el apoyo al parto” antes del alumbramiento. El documento detalla la proximidad a Rounder de esa ballena, Lady Oracle, y un video de un dron la muestra revolcándose con Rounder cuando la cría emerge. Pero el artículo no aporta más pruebas de la ayuda previa al parto.
El artículo de Scientific Reports analizó las vocalizaciones durante el evento. Los científicos descubrieron cambios en los patrones de chasquidos, la duración y la densidad en distintos momentos.
“Es estupendo que este avistamiento inusual del nacimiento de un cachalote se haya documentado de forma tan exhaustiva, sobre todo en relación con la reacción de las demás ballenas ante el nacimiento de una nueva cría”, dijo Philippa Brakes, ecóloga del comportamiento y bióloga marina que copreside un nuevo grupo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza sobre cultura no humana y que no participó en los estudios.
“Lo que resulta especialmente interesante es que los investigadores documentaron cómo los individuos de una unidad social normalmente separada participaban en el nacimiento”, dijo Brakes. “Esto parece indicar una estratificación de comportamientos culturales e innatos específicos del contexto, que sería interesante explorar más”.
Los científicos del Project CETI siguen analizando el suceso, incluidas otras especies que estaban presentes, entre ellas los calderones tropicales. ¿Se sintieron atraídos por la sangre y consideraron la posibilidad de atacar? ¿Curiosos por la conmoción? ¿O algo más?
Como mínimo, los cachalotes sirven a Maalouf de inspiración.
“Más allá de la ciencia, lo considero una gran lección para nosotros los humanos”, dijo. “Al menos en los momentos más vulnerables, es bueno permanecer unidos y ayudarnos en vez de estar unos contra otros”.
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