La mayor diáspora de venezolanos del mundo fuera de América vive en España. Muchos celebraron la captura de Nicolás Maduro y ahora se adaptan a la idea de que los aliados del régimen siguen a cargo.
Mientras que el depuesto autócrata venezolano Nicolás Maduro espera en una cárcel de Brooklyn, el exembajador de modales discretos que le ganó por un amplio margen en las elecciones presidenciales de 2024 tiene dificultades para dirigir el futuro de su patria desde un modesto piso en Madrid.
En una sede sencilla que su esposa mantiene impecable y decorada escasamente con una estatuilla de la Virgen María, el político, Edmundo González, de 76 años, es tratado de “presidente” mientras trabaja en la liberación de presos, se reúne con dignatarios y esboza una plataforma para lo que aparentemente será un prolongado gobierno en las sombras, según otros exiliados que se han reunido con él.
González, que se exilió luego de que Maduro y su represivo aparato militar rehusaron aceptar la derrota, tal vez sea la figura principal de la diáspora venezolana en España. Con alrededor de 700.000 personas, se trata de la comunidad más numerosa de venezolanos fuera de América, dueños de una enorme influencia y de la posibilidad de obtener grandes beneficios de la captura de Maduro.
Edmundo González, líder de la oposición venezolana, sigue exiliado en Madrid a pesar de la captura de Nicolás Maduro.Credit...Oscar Del Pozo/Agence France-Presse — Getty Images
Además de un presidente electo y su primera dama en pausa, la comunidad incluye a un apuesto líder de la oposición; un exalcalde de Caracas y una multitud de políticos, generales y misteriosos empresarios —algunos enriquecieron a punta de petróleo, otros de corrupción— que han adquirido tantas propiedades del exclusivo barrio madrileño de Salamanca que algunas zonas se conocen como Little Caracas.
“Madrid es el centro en el que se ubican los líderes con las mayores responsabilidades políticas” dijo Ismael García, destacado miembro de la oposición venezolana que trabaja con González en España.
La cuestión primordial para los exiliados venezolanos en España es el latigazo del choque de emociones inducido por la captura estadounidense de Maduro solo para que el país se quede dirigido por su sustituta.
Muchos en la diáspora madrileña —en especial los conservadores que se adhirieron al trumpiano Make Venezuela Great Again— habían hecho campaña en favor de una intervención militar estadounidense. Fantaseaban con un pronto regreso a casa para ver a sus familias, postular a algún cargo público o renovar sus fortunas en los vastos campos petroleros. Celebraron la sustracción de Maduro del 3 de enero a manos de fuerzas de Operaciones Especiales de EE. UU. y esperaban que eso detonara la llegada al poder de González o de María Corina Machado, la dirigente opositora galardonada con el Premio Nobel de la Paz que apuntaló la candidatura de González.
Pero a pesar de que González expresó su pretensión de reclamar la presidencia y dijo en un video que la remoción de Maduro “no es suficiente”, el presidente electo sigue en Madrid. El presidente Donald Trump, se quejan algunos exiliados, le movió el tapete a una muy aquejada oposición al quedarse del lado de la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, una personalidad de línea dura del régimen en una mejor posición para entregar el petróleo y los cambios exigidos por el presidente estadounidense.
Boris Izaguirre, exiliado venezolano en Madrid. “No creo que estén siendo días felices” para la oposición venezolana, dijo Izaguirre.
“Se les puede poner malo el champán”, dijo Boris Izaguirre, escritor y empresario venezolano que animaba los certámenes de Miss Venezuela y se ha convertido en una de las más importantes personalidades televisivas de España. Habló desde el salón de té del Hotel Wellington, que dijo que era como el “ayuntamiento” de los perfiles poderosos de la diáspora, a quienes describió con signos de dólares en los ojos cuando hablaban de “ayudar a Venezuela”.
“No creo que estén siendo días felices para ellos”, dijo.
Izaguirre luego se retiró a una cena en la que, diría después, algunos de los venezolanos de derecha más destacados de la ciudad debatieron la necesidad de adaptarse a la nueva realidad, de menos pureza ideológica, en la que los aliados de Maduro seguían a cargo a pesar de su captura. La discusión le recordó a Izaguirre una cita que se le atribuye a una santa por intercesión de Truman Capote: “Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las desatendidas”.
Un análisis que circulaba por los chats grupales de la diáspora argumentaba que se requería que la transición del régimen fuese gradual, en tanto que aún controlaba el ejército y los servicios de inteligencia, antes de que Machado o González pudieran volver de manera segura.
Carlos Tablante, un exministro venezolano ahora radicado en Madrid, dijo que era poco realista que la oposición en el exilio se apresurara a volver a un país que sigue manejado por funcionarios capaces de encarcelarlos. “Es más útil tener al presidente electo en Madrid que en la cárcel en Caracas”, dijo Tablante, que vio a González por última vez en un saludo por video desde el otro lado de la ciudad en Nochevieja. Sin embargo, otros se preocupaban de que se perdieran los impulsos y que González y los suyos fueran forzados a convertirse en residentes permanentes de Madrid.
Haciendo fila ante el Consulado de Venezuela en Madrid. Muchos venezolanos buscaron refugio en España tras la llegada al poder del predecesor de Maduro, Hugo Chávez.
Venezuela y España tienen lazos largos y cercanos. Muchos españoles huyeron a Venezuela durante la dictadura de Francisco Franco. Cuando Hugo Chávez tomó el poder en Caracas y estableció un modelo de gobierno influenciado por el socialismo, nacionalizando las principales industrias y expulsando los intereses españoles en la banca y el sector petrolero, muchos venezolanos adinerados buscaron santuario en España. Ese éxodo solo se intensificó con Maduro, que sucedió a Chávez en 2013, e incluyó también a socios de Chávez que buscaban dónde poner su dinero.
Mientras tanto, Venezuela se convirtió en una frontera ideológica en la política nacional española: los conservadores españoles se alineaban con los exiliados a fin de presentar a su presidente de tendencia izquierdista, Pedro Sánchez, como una suerte de Maduro light.
Muchos venezolanos en Madrid consideraban que la comparación era inverosímil, en especial debido a que Sánchez, que ha intentado presentarse como un puente entre González y Rodríguez, ha brindado refugio a muchos de los exiliados.
En noviembre, a González le preocupaba especialmente que un creciente sentimiento anti inmigrante entre sus aliados de los partidos conservadores españoles pudiera perjudicar a la numerosa diáspora venezolana del país, según Tablante, el exministro, quien se ha reunido con el presidente electo.
González declinó hablar con The New York Times. Machado, dicen los exiliados, le ha indicado que mantenga un perfil bajo mientras busca congraciarse con Trump, incluso ofreciéndole su Premio Nobel de la Paz tras una reunión en la Casa Blanca el jueves.
Johanna von Müller-Klingspor, restauradora, dice que su restaurante de Madrid es un centro para los exiliados venezolanos.
En estas semanas enrarecidas, Madrid se ha convertido en una mezcla de “fiestas y temor” dijo Johanna von Müller-Klingspor, empresaria del rubro restaurantero que participa en la sociedad madrileña y en una fundación de apoyo a los exiliados venezolanos. Su restaurante de Salamanca, dijo, es la “embajada” donde los adinerados y poderosos de la política exiliados —entre ellos, dijo, el propio González— acuden a comer tequeños bajo cabezas de taxidermia.
Von Müller-Klingspor, de 50 años, dijo que ha admirado a Machado desde que se conocieron en Caracas en la década de sus veintitantos años. Pero dijo que antes de que Machado o González pudieran ocupar sus puestos legítimos hacía falta una transición a la democracia.
En Madrid no escasean las opciones de posibles líderes para Venezuela. Sus guapas calles de Salamanca también son hogar de Leopoldo López, el activista educado en Harvard que lideró las protestas de la oposición contra Maduro en 2014. López sufrió años de prisión y arresto domiciliario y en 2020 huyó a España. El padre de López, otro destacado exiliado, se ha convertido en integrante del Parlamento Europeo representando al conservador Partido Popular de España.
El concurrido Mercado de Maravillas está repleto de puestos de comida venezolana.
La diáspora venezolana de Madrid se extiende bastante más allá de las principales personalidades políticas y empresariales. En el ajetreado Mercado de Maravillas, repleto de puestos de comida venezolana, Alessandro Di Stasio, un periodista de investigación venezolano, dijo que había recibido con beneplácito la noticia de la remoción de Maduro pero que seguía atento a lo que publicaba en las redes sociales o firmaba con su nombre. “Volveré cuando la democracia esté garantizada”, dijo.
Todas estas voces exiliadas, dijo María Constanza Cipriani, cuyo marido, ahora en prisión, fue abogado de Machado, apoyaron los llamados a favor de una Venezuela que al final respetase los resultados de las elecciones de 2024.
“Son la voz de Venezuela fuera de Venezuela”, dijo. “Amplifican nuestra voz”.
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